Miércoles 25 de marzo, día 6 de Cuarentena.
Cada día es lo que
es, no puedo pretender escribir largo, tendido y entretenido todos los días.
Empecé bastante arriba, por encima de las 1.500 palabras el primer día, y fui
bajando progresivamente hasta las 941 del día cuatro (no en detrimento de la
sinceridad, sino que es lo que es, ya volveré con algo más jugoso y extenso).
Qué feliz estaría el mundo si la cantidad de contagiados se moviera
inversamente proporcional a las palabras que escribo y la tendencia se
mantuviera. Nos estaríamos encontrando pronto con el tan esperado “pico chato”
de la curva. Pero no parece ser así, seguimos acuarentenados y parece que la
cosa tiene para rato. Hoy, sin todo este preámbulo, con lo que me salió en un
primer momento (no recuerdo si fue antes o después del almuerzo), no llegaba a
las 100 palabras.
Ahora, a más de las dieciocho horas del día siete, me invade
la inspiración y las ganas de explayarme (el origen de este cambio de
perspectiva tiene una razón, pero eso es para mañana). Hasta sentí escribir dos
versiones del día, pero me eché para atrás. Siento que esto que me regalo hoy
es un poco de sinceridad, es no querer pretender que soy más escritor de lo que
estoy siendo. Pensé, una vez más, en Casciari, que se salteó el día 3 de
Cuarentena en su canal de Youtube y muy sinceramente comunicó el día 4 que
“ayer” no tenía nada para decir entonces no dijo nada.
Se me ocurrió bautizar esta versión, la original y más
sincera, La Monosilábica. La otra, de
la cual no voy a develar el nombre que le había puesto, habría sido más
extensa, más poética tal vez, más reflexiva, amena o lo que sea. Pero no fue,
la dejé en el título y a cambio, lo fluido y liviano queda para la previa. Creo
que esta otra versión habría faltado a la verdad de lo que fue realmente el
día, de cómo lo viví y lo sentí. Y para faltar a la verdad ya existen otras
cosas, como Papa Noel, el dulce de leche light
o Independiente (perdón Fede, algún defecto tenías que tener).
Acá va entonces, el primer y único intento, todavía un poco
golpeado por la grisaca* del día
anterior.
(*grisaca: término
acuñado en este preciso momento para intentar explicar la sensación de resaca
después de un día gris; grisaca surge
de la unión de las palabras gris y resaca,
es la consecuencia haberse emborrachado de lo gris del día, que a veces
pasa, como las fiestas y los excesos etílicos. Después de todo, somos humanos.)
La Monosilábica
Primer día de cuarentena que no escribo.
Primer día gris, pa dentro y pa fuera.
Dormí mal, con mosquitos, con calor, con incomodidad.
Dormí sin poder dormir.
Dormí sin descansar.
Me desperté un par de veces y soñé mucho.
Meditamos tipo 9 y me volví a la cama.
Volví a soñar tanto.
Desperté a las 13 y me sentí un zombie todo el día.
Eso sí, salimos a dar una vuelta en bici.
A la verdulería y a la dietética.
Y no mucho más, almorzamos fideos con mate.
Meditamos y lo gris se empezó a ir, fue un Alikal para la
mente.
Cenamos afuera otra vez.
Pero no pasó la police.
Tampoco la vecina.
Solo los muchachos del camión.
Miré
la película Un buda, de Diego
Rafecas.

siga asi!!!
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